martes, 29 de diciembre de 2015

Polvo.

Y prometía y decía que no se iría. Y se fue y se olvidó de todo lo que prometió. Cómo siempre. Cómo todos.
Y yo me reía, me reía porque siempre lo había sabido; sabía que desaparecería. Pero no quería verlo porque me gustaba creer en la eternidad, esa que dura para siempre. Pero me quemé porque quien alimenta las llamas del fuego de la mentira se quema, y yo lo hice. Y se me incendió el corazón y quedó reducido a las cenizas del recuerdo; al polvo del que todos venimos y al polvo al que todos volveremos.